Uno. Apéndice. Necesito un ritmo, la consciencia de un pulso. Arrojo el cigarrillo todavía prendido de tal forma que pueda apagarlo con mis pies sin perder fluidez al caminar. Eso es pura necesidad vital, no hay otra cosa. Beat to keep.
Dos. Veo signos, de muerte, signos, en todas partes. Nombrarlos es apilar sabores de starbust en la cabeza, no hay realmente una carga poética, es la muerte que está en todos lados. La calaca. Me pregunto si soy signo de otros, si mis ademanes llevan la muerte, si alguien se conduce inevitablemente por el capital simbólico desde mí hacia su poesía. Y cuando digo poesía escribo para el que sabe a qué me refiero.
Tres. Y sin embargo creo en las formas regulares, le temo a la peripecia. La aventura me estremece de terror y ansiedad. La vida está en otra parte como un agujero negro, pum, doblar el espacio.
Cuatro. No hay un viaje, solo hay viaje. Cuando se habla de un viaje se habla de épica y la verdadera vida está exenta de arte.
Cinco. La dirección que decidas.
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