viernes, 11 de marzo de 2011

días extraños

- strange days have found us –

Jim.

Escucho tambores. Miro hacia el cielo y las pocas nubes concuerdan con todos los climas. Se suceden temperaturas exóticas, anacrónicas. El cielo se pinta de colores difíciles de hallar. Busco refugio en músicas que amparen lo antiguo. El país tembló hace poco más de un año, quedó cagada. Ahora tiembla Japón, queda menos la cagada, y en todos lados ese aviso de fin de mundo, esa ansia tan occidental. El mundo no acaba. Lo que se acaba es el hombre. Samsara. No habrá reino de los pobres porque esa es una ambición avara. Todo ha sucumbido ante cierto número de “morales” definidas dentro de la escala social del individuo que las creó. Más allá… ¿Habría que hacerle caso a las señales? Y bailar la excusa pagana del cambio eterno, las razas se extinguen y, óyeme poeta, no se las traga la palabra. Y al parecer todo se establece y organiza hacia la perpetuidad. Santiago 2111, ¿Escucharon esa? Tiempo y proyección de una ciudad, ¡Parecen enemigos finales de un cartucho de snes! Porque algo palpita, ¿No? Algo te dice constantemente que esto está patas pa’ arriba. Y los perros, cómo te siguen… con sus aires sumisos y sus caras lánguidas, su tristeza antropomórfica. Y mientras el clima cambia arriba, ahora, y los transeúntes se apuran interpretando no sé qué cosa (que seguro no es lluvia, escúchenme, no vemos la lluvia venir, no sabemos de qué se trata esa cosa) un can, un domestico amigo del hombre que imita su moral tras siglos de asimilación se arroja de espaldas en providencia y se mueve feliz, con una sonrisa nada dibujada, profetizando diversos cambios con sus movimientos. Yo bailo alrededor de él, quiero ser él, quiero estar siglos a su lado y asimilar su sonrisa, no me importa, quiero parecerme a él. Pero nada; tengo toda la historia del hombre atrás, y no digo espalda porque no pesa, la muy fantasma, ni se siente, lo único que se siente es el vértigo de ese borde abismal, saber, óyeme poeta, que algo ESTÁ PATAS PA’ ARRIBA. Ah…y no hablo del sentido o sin sentido del arte, ni de los combustibles, ni de los transportes hacia diversos lados, ni de la muerte que se siente con ciertas drogas, ni del otro lado de Jim, de ninguna puerta de la percepción realmente. Hablo de ELLO, que está vedado, por incapaz de aplicarle condición, y solo se le canta y se pronuncian ritos y signos del hombre para entender, que sea, un punto de ese maravilloso círculo, el punto que es uno. Todo lo que veo es pragmatismo, utilidad, meritocracia. Vivo una pequeña esfera, un circulo que encierra y se ocupa de estas dudas, y desde ahí me acerco (creo, al menos, que si pongo atención en algo, de forma ontológica, convivo con ello, me vuelvo ello) a ese perro de espaldas, ese coleóptero que se agita las ideas a voluntad y que habita todos los corazones. No está mal decir que todos parecemos ovejas, no es un cliché, no está mal quejarse, ni ser decadentista, afuera del circulo solo hay interpretación, traducción. No es ostracismo, es lucidez, es desabrochar la corbata o percatarse del rectángulo debajo del océano. Una fuerza de otro orden.

Ah…todo lo que quizá sucede...




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