Deja la mañana de lado
sentado en tu asiento,
deja que el frio
suba
en recuerdo
de la inmanente histeria
de los días
Recuerda las postales urbanas
las escaleras repletas, los cuerpos
apenas urgiendo la compañía,
la soledad de los carros, la
violencia que despiertan los
ancianos ineptos
y las peores posibilidades
que el mundo está
por entregarte
Y qué, mientras la salud
acompañe a medias, no serás
más que un cínico desencantado
que ha visto a sus amigos
mentir
y a sus conocidos
envalentonarse
en sus intento precarios
de notoriedad
y merito
Serás el ojo de Ra
dentro de tu miserable
castillo, su atalaya
las morales que has
levantado por defensa,
vamos, que hay que creer
en algo, algo como, el amor
o la libertad
del vagabundo errante
Y así la luz, símbolo
arcano de libertad,
cede amarillenta
desde los ventanales
a tu asiento, la mañana ha
sucedido, no te has quedado
atrapado en la oscuridad, la noche
prometía aullidos, pero el silencio
fue más hábil
Te preguntas si no es condición
de tu crianza burguesa, o si tal vez
esos días, en la Plaza Ñuñoa, donde los topos
despertaban antes que tus antojos
de literatura, debajo de las glorietas, fueron
los días de Gloria y Visión, el Ave de Alejandro
o el Aleph, si descubriste realmente que nada
tiene remedio, y, confiado, cediste a la paranoia…
¿Cuándo fue que fuiste a encontrare con ellos de nuevo?
El tiempo fue calando poemas, volviste al recuerdo de la infancia
la maculaste de desesperanza y soledad, había en ella tu hermana poeta,
única digna de encuentro, tu padre, violentamente melancólico, y tu madre…
pues tu madre siempre has sido tú mismo…
Y todo es consecuencia aparente de una promesa de talento muy temprana
unos altares fecundos, flores a maría, obras de teatro, recitales, muy buenas notas
pronunciación inigualable;
claro, no hay otro camino que la educación, y cuando el cuerpo pide elevarse,
o empantanarse en cualquier arteria, arrojado, toda esa cruz la historia todo ese
peso terrible se hace presente en negación, desenfundando la historia del hombre
atrévete, te dice, vamos, atrévete, no es vida para ti, pequeño
y versos tan particulares y bellos, de niños muy inmaduros, repiten tus infortunios
como mantras védicos, o, peor, rosarios desgastados por el roce de los pulgares
como páginas magras que el fuego no acepta, a pesar de su aporte voluntario
¿Qué recuerdas
de la sensación
al borde
del borde?
Cuándo fue la última vez que escribiste deseo estar solo
En cualquier lado, medio borracho
Y simplemente afectarme, por mis sentidos, calarme de frio
O bien afiebrarme, desafiar la salud, ponerme mal, estar al tanto
Del categórico minutero de mi cuerpo…
Cuándo fue la última vez, si es que hubo alguna vez, que viste
todo con ojos paganos, que desafiaste los símbolos, que unificaste
las razones de tus sentidos, que portaste los colores y pensaste
en todo al mismo tiempo;
quizá…con un breve haiku sentencioso…
O el momento, débil en la estela de la comprensión,
donde vi el futuro en tus Ojos
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